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                    U-Boote - Submarinos Alemanes en La Segunda Guerra Mundial

                    Nov 24, 2015

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                    lobocincoseisnueve of 355 Share U-Boote - Submarinos Alemanes en La Segunda Guerra Mundial All materials on our website are shared by users. If you have any questions about copyright issues, please report us to resolve them. We are always happy to assist you. Report Description U-Boote - Submarinos Alemanes en La Segunda Guerra Mundial
                    Escrito por: Santiago Mata Text
                    • Santiago Mata U-Boote Santiago Mata U-Boote. Submarinos alemanes en la segunda guerra mundial. Mito y realidad de un trágico destino. Editorial Almena, Madrid, 2003, 183 páginas 21x29,7 cm, más de 300 fotografías, 198 de ellas inéditas. ISBN: 84-96107-00-4. Editado en CD tras agotarse la edición impresa. Última actualización, 13 de octubre de 2005. 2
                    • Santiago Mata U-Boote Foto de portada: U 995, único submarino del tipo VII existente en la actualidad (foto Daniel Schinnerl). 3
                    • Santiago Mata U-Boote A Camino y Pepo. 4
                    • Santiago Mata U-Boote Índice general INTRODUCCIÓN 9 PRIMERA PARTE EL NACIMIENTO DE UN MITO. LA GUERRA SUBMARINA CONTRA GRAN BRETAÑA Los U-Boote en la primera guerra mundial 11 El nacimiento de la nueva U-Bootswaffe 13 Dönitz, jefe de la nueva arma submarina alemana 16 Las concepciones estratégicas y tácticas de Dönitz: guerra total y manadas de lobos 19 Los nuevos tipos de U-Boote 23 El comienzo de las hostilidades: trabajar, cumplir con su deber 25 Prien, el “toro de Scapa Flow” 28 Enigma y los progresos de la guerra antisubmarina 31 Agentes secretos con destino a Irlanda a bordo de los U-Boote 33 5
                    • Santiago Mata U-Boote Desastre en Noruega (abril 1940) 36 La derrota francesa, los submarinos Walter y los “buenos tiempos” (mayo-julio 1940) 38 La intervención de los Estados Unidos y las bases en Francia (agosto-diciembre 1940) 41 La aparición del radar y el descifrado de las claves Enigma (diciembre 1940-abril 1941) 45 Aumento del número de U-Boote alistados y disminución de su rentabilidad 48 U 110, el primer submarino capturado (mayo 1941) 50 Del hundimiento del Bismarck a la operación Indigo (mayo-julio 1941) 53 “Los submarinos (ingleses) no hacen nunca prisioneros” 55 La “Carta del Atlántico” y la captura del U 570 (agosto- septiembre 1941) 57 6
                    • Santiago Mata U-Boote El Plan ABC-1, los barcos Liberty y los primeros incidentes bélicos entre EE.UU. y Alemania 59 Primeras ofensivas británicas aprovechando Enigma 62 Desastre en el Mediterráneo (septiembre-diciembre 1941) 64 Primer gran éxito de un grupo de escolta 66 Balance de la guerra contra Gran Bretaña 68 SEGUNDA PARTE ASCENSO Y CAÍDA: DE PAUKENSCHLAG (1942) AL MAYO NEGRO (1943) Paukenschlag: la primera fase de la guerra contra los EE.U U. 73 Enigma vuelve a ser indescifrable 75 Nuevos grupos Paukenschlag y aparición de las “vacas lecheras” 78 78 Discusiones estratégicas: Hitler propone ametrallar a los náufragos 82 7
                    • Santiago Mata U-Boote Establecimiento del sistema de convoyes en Norteamérica 86 86 Verano de 1942: la superioridad aérea aliada “apenas hace rentable el uso de los U-Boote” 89 El “incidente Laconia” 91 ¿Guerra total o prudencia? 94 El último trimestre de 1942 96 Enigma, de nuevo descifrada 99 Paukenschlag, la mayor derrota naval sufrida por los EE.UU. Balance del año 1942 101 Dönitz afronta con “optimismo” el nuevo año 103 Casablanca: los aliados discuten sobre estrategia antisubmarina 104 104 Febrero y marzo 1943: el B-Dienst gana la mano a Bletchley Park 106 8
                    • Santiago Mata U-Boote Ataque a los convoyes SC 122 y HX 229: el mayor éxito... propagandístico 108 Roosevelt toma cartas: cierre del “hueco” al sur de Groenlandia 110 Creyendo contra toda evidencia 112 El canto del cisne del arma submarina alemana 114 La operación Derange y las pérdidas en el Golfo de Vizcaya (abril a septiembre de 1943) 118 Después del “mayo negro”: nuevas armas y Elektroboote 122 TERCERA PARTE AGONÍA Y MUERTE DE LA U-BOOTSWAFFE Septiembre de 1943: el regreso al Atlántico norte 126 U 617, el único U-Boot hundido por la armada española... 129 También fueel único U-Boot (conocido) que soportó la explosión de un torpedo 136 9
                    • Santiago Mata U-Boote Octubre y el cierre del “hueco” de las Azores 139 El final de las “vacas lecheras” 141 Victoria pírrica de los He 177: el golpe más mortífero para los EE.UU. en toda la guerra (noviembre 1943) 143 De la derrota no reconocida a la lucha por la supervivencia 145 1944: la aparición del Schnorchel 147 El hundimiento del Peleus 149 De abril a junio de 1944: balance de la guerra submarina en el Mediterráneo, Ártico y Atlántico norte 151 La captura del U 505 155 U-Boote contra Overlord: un submarino vale menos que una lancha 158 Aviones a reacción y bombas atómicas: últimos agentes en América 160 Los submarinos enanos 162 10
                    • Santiago Mata U-Boote Desde agosto hasta fines de 1944 166 1945: aparición de los Elektroboote 168 La agonía del arma submarina alemana 170 Regenbogen, la capitulación y los tesoros de los U-Boote 172 U 1277, el mejor pecio de un U-Boot en las costas ibéricas 176 Operación Deadlight 178 Posiciones de los submarinos hundidos en la operación Deadlight 183 Búnkeres en Alemania 186 Eficacia y rentabilidad. Mito y realidad de la guerra submarina 188 188 Dönitz, ¿obediente o culpable? 191 Los otros protagonistas 198 Bibliografía principal 202 11
                    • Santiago Mata U-Boote INTRODUCCIÓN El interés por la historia del arma submarina alemana durante la segunda guerra mundial no disminuye con el paso del tiempo, sino más bien al contrario. Los motivos de este interés son muy variados, pasando desde la curiosidad del coleccionista al deseo de conocer la evolución de aparatos como el radar, etc., o al afán por analizar una realidad histórica compleja. Para el mero aficionado a las aventuras bélicas, la guerra submarina presenta un indudable atractivo, ya que su entramado lo componen cientos y hasta miles de acciones que tienen a la vez algo de individual — cada submarino tiene su historia— y de colectivo: además de tratarse de acciones coordinadas, en la trayectoria de cada submarino no intervino sólo el comandante, sino todos los miembros de la tripulación, que dependían unos de otros para sobrevivir. Desde el punto de vista de un estudio histórico, la guerra submarina —y en particular la que se refiere a los U-Boote alemanes— presenta una dificultad particular, ya que estuvo acompañada de una intensa propaganda por parte de los dos bandos en guerra, e incluso muchos años depués de terminada continuó envuelta en un halo de misterio y de auténtico secreto. Si bien al poco de terminar la guerra vieron la luz estudios relativamente completos sobre la guerra submarina —como el del francés Romat—, pasarían más de dos décadas antes de que se publicaran datos contrastados sobre los barcos hundidos por los submarinos del Eje (Rohwer) y la intervención de los servicios secretos en la guerra submarina no se pudo conocer con detalle hasta los años ochenta y noventa. Aún habrá de pasar mucho tiempo hasta que los estudios que utilizan esta documentación sustituyan a los clichés que, basándose en la propaganda o en informaciones más o menos incompletas, se formaron durante décadas. 12
                    • Santiago Mata U-Boote La leyenda sobre el arma submarina alemana tiene su origen en la primera guerra mundial, y se consolidó durante la segunda, como he dicho, por efecto de una poderosa propaganda. Como tal entiendo (más allá de su significado latino de “lo que se ha de propagar”, que tiene un sentido primario positivo) la difusión de informaciones (o pseudo informaciones, cuando son falsas) cuya finalidad no es el mero conocimiento de los hechos enunciados por la información. La propaganda sirve al fin de ganar la guerra, tratando directamente de elevar la propia moral de victoria y de debilitar la del adversario; pero también de forma indirecta, distrayendo o engañando al enemigo (o al amigo), ocultando otros hechos, etc. Antes de tratar de introducirnos en el tema, haré algunas precisiones. La primera es que, aunque utilizo el habitual término submarino, me refiriero a buques diseñados para navegar habitualmente en superficie: sumergibles, y no auténticos submarinos (Untersee-Boote, U-Boote). La segunda es que los designaré de la misma forma utilizada por los alemanes (en ambas guerras): con la letra U seguida por un número y con un espacio entremedias, pero sin guión. La bibliografía en lengua no alemana suele designarlos, de forma incorrecta, intercalando un guión. Por último, y dado que sólo tres submarinos alemanes de la segunda guerra mundial han llegado hasta nuestros días sin haber sido hundidos (a ellos se puede sumar un submarino que no llegó a estar alistado en la Kriegsmarine sino en la armada finlandesa y dos rescatados de las aguas), haré algunas referencias a los pecios de estos submarinos. La leyenda formada en torno a los U-Boote (y el hecho de que tan pocos hayan sobrevivido intactos) fomenta la curiosidad por bucear sus pecios y la difusión de fantásticas historias sobre tesoros hundidos. Por eso me referiré particularmente a los submarinos que son más conocidos y a aquéllos de los que queda algún rastro (normalmente, sus pecios). Quienes conocen la materia —aún más los ex submarinistas—, suelen ser reacios a señalar la localización de los pecios de los submarinos hundidos, por respeto a sus tripulantes muertos (cuando son “tumbas de 13
                    • Santiago Mata U-Boote guerra”, la entrada en estos pecios es un delito prohibido por las Convenciones de La Haya). Pero la accesibilidad de los datos hoy día hace casi inútil este esfuerzo. Lo mejor es dejar clara de antemano la verdad más sencilla: los pecios de los U-Boote no contienen más que restos humanos y munición inestable que puede hacer muy peligroso su buceo, ya de por sí arriesgado por el escaso espacio libre en su interior. 14
                    • Santiago Mata U-Boote PRIMERA PARTE EL NACIMIENTO DE UN MITO. LA GUERRA SUBMARINA CONTRA GRAN BRETAÑA Los U-Boote en la primera guerra mundial Aunque aquí trate de la segunda guerra mundial, para comprender la historia del arma submarina (U-Bootswaffe) es preciso referirse escuetamente a su antecesora en la primera guerra mundial. Alemania fue la última potencia que incorporó los submarinos a su armada, al adquirir uno en 1906. También fue la última en adoptar motores diésel (1910), y al comenzar la primera guerra mundial era la quinta potencia submarina, detrás de Gran Bretaña, Francia, Rusia y los Estados Unidos. Hasta el 18 de febrero de 1915, los submarinos alemanes habían hundido sólo 10 mercantes aliados. A partir de esa fecha, como medida de presión para levantar el bloqueo impuesto a Alemania, su emperador decreta la guerra total submarina contra Gran Bretaña: en adelante, los U- Boote no se ajustarán a las reglas del derecho de presa. Este derecho, introducido en la Convención de la Haya en 1907, señalaba que las tripulaciones de los barcos mercantes y de pasajeros no eran combatientes, y por tanto no podían ser abandonadas a su suerte: antes de hundir un barco, los submarinistas debían poner a salvo a los civiles. Tras denunciar este derecho, los alemanes comenzaron a hundir barcos “sin previo aviso”. El 7 de mayo de 1915 tuvo lugar el hundimiento del Lusitania (1.198 muertos, 128 de ellos norteamericanos), tras el cual los Estados Unidos amenazaron con entrar en la guerra (pero no entraron), por lo que en septiembre el Kaiser volvió a ajustarse a las reglas del derecho de presa. Tras otro periodo de guerra total 15
                    • Santiago Mata U-Boote entre febrero y abril de 1916, el emperador volvió a desentenderse definitivamente del derecho de presa en febrero de 1917. A partir de entonces, los barcos de superficie alemanes tuvieron como misión principal la de apoyar a los submarinos. Frente a los temores del canciller Bethmann-Hollweg, que veía en la entrada de los EE.UU. en la guerra el finis Germaniae, se impusieron las tesis del político liberal-nacionalista Gustav Stresemann, según las cuales, ni el pueblo norteamericano estaba dispuesto a entrar en la guerra, ni una intervención norteamericana podría evitar que la guerra submarina ilimitada obligara a los ingleses a rendirse (esta tesis la tomó del Instituto de Economía Mundial de Kiel, Kieler Institut für Weltwirtschaft). Precisamente el jefe de la armada, almirante Henning von Holtzendorff, al hacer suyas estas tesis, en una reunión a la que asistía el canciller Bethmann-Hollweg (31 de agosto de 1916), afirmaba que “si renunciásemos a usar el arma submarina, tendríamos motivos para creer que habría llegado el finis Germaniae”. En febrero de 1917, los U-Boote hundieron 536.000 toneladas de registro bruto (TRB), en marzo 603.000 y en abril una cifra récord (no superada durante la segunda guerra mundial) de 881.000 TRB: en ese mes, sobre una flota de 128 U-Boote disponibles, de hecho se encontraban patrullando los mares, como promedio, 50. Los Estados Unidos rompieron relaciones diplomáticas con Alemania el 3 de febrero y entraron en la guerra el 6 de abril, enviando al almirante William Sims como oficial de enlace con el Almirantazgo británico. Sir John Jellicoe, primer Lord del Almirantazgo, le dijo que, si no disminuían los hundimientos, los alemanes ganarían la guerra. A fines de abril, proponía a su gobierno abandonar la lucha en Macedonia, emplear todos los barcos disponibles para la importación, y reducir ésta a lo imprescindible. Aún así, opinaba Jellicoe, los británicos necesitarían que los EE.UU. les apoyaran “con todas sus fuerzas”. A fines del siglo XIX, el marino e historiador norteamericano Alfred Thayer Mahan, tras estudiar el dominio británico de los 16
                    • Santiago Mata U-Boote mares, aconsejaba organizar el tráfico marítimo en tiempos de guerra en convoyes protegidos, ya que enfrentarse a la “piratería” con una flota separada de los mercantes sería como “buscar una aguja en un pajar”. La táctica de los convoyes se aplicó tras la crisis de abril de 1917, y resultó eficaz: de los 1.133 barcos perdidos por los aliados en 1918, el 88% (999) viajaba en solitario. De los 12,8 millones de TRB hundidas por los submarinos alemanes durante toda la guerra (5.000 barcos), casi la mitad lo fue en 1917: 6,2 millones. En 1918, la cifra bajó a 2,7 millones de TRB, una cantidad sólo ligeramente superior a la de 1916 (año en que la guerra total sólo se aplicó entre febrero y abril). En contrapartida, aumentó el número de submarinos hundidos: frente a los 40 perdidos entre 1914 y 1916, en 1917 fueron hundidos 63 (43 en la segunda mitad del año) y 69 en 1918 (igualando casi a la cifra de 70 nuevos submarinos que entraron en servicio ese año). Los astilleros norteamericanos construyeron más barcos que los que los U-Boote podían hundir, y éstos no pudieron impedir que desembarcaran en Europa dos millones de soldados norteamericanos: sólo hundieron un transporte de tropas (56 soldados muertos). Entre las medidas de guerra antisubmarina (Antisubmarine Warfare, ASW) surgidas durante la primera guerra mundial, cabe destacar las destinadas a localizar los U-Boote: hidrófonos que advertían de su presencia y, más tarde, un aparato que indicaba además su localización y que, inventado en este período, tendrá gran importancia futura: más conocido por el nombre que le darán los norteamericanos, sonar, los ingleses lo llamarán ASDIC, acrónimo de Allied Submarine Detective Investigation Committee. La pretensión de estrangular a Gran Bretaña mediante la guerra submarina total había fracasado. Así lo reconocieron los marinos alemanes. Pero los submarinistas conservaron la disciplina hasta el final de la guerra, cuando había desertado más de un millón de soldados alemanes. Los U-Boote hundieron 14,2 barcos por submarino y 28,1 por submarino perdido (estos barcos 17
                    • Santiago Mata U-Boote desplazaban, en promedio 2.560 TRB, poco más de la mitad de las 4.850 TRB que desplazarán en promedio los barcos hundidos por los U-Boote en la segunda guerra mundial). Este éxito táctico sería el árbol que no dejaría ver el bosque, ya que las condiciones que requería —guerra total— conllevaron la entrada en la guerra de los EE.UU., y con ella la introducción de los convoyes, la construcción de barcos y los desembarcos que llevaron al desastre estratégico: la pescadilla se comía la cola. El nacimiento de la nueva U-Bootswaffe Hitler ridiculizó en Mein Kampf (1925) y en artículos en la prensa los planes de rearme de la armada de la República de Weimar, afirmando que no era posible enfrentarse a Inglaterra si no se disponía de buques de superficie más pesados que los británicos. Ya al final de la Gran Guerra, convaleciente en un hospital de Baviera, quiso ver “un golpe de la armada, que podría ser liquidado en pocos días” en lo que terminó siendo la “traición” que llevaría a la “capitulación”. En el mismo 7º capítulo del primer volumen de Mein Kampf, dedica un apartado a la “errónea política de construcción naval”, acusando de mediocridad a la cúpula de la armada (y afirmando que esa mediocridad se ha contagiado al ejército) por construir barcos menores que los de los ingleses: “precisamente una flota que no puede competir en número, tiene que superar esta deficiencia con la superior capacidad de combate de cada uno de sus barcos”. Hitler identificaba mayor capacidad de combate con cañones de mayor calibre, y barcos de mayor blindaje y desplazamiento. La armada de la República de Weimar (que entretanto había adoptado el nombre de Reichsmarine, armada imperial) planeaba desde antes de que Hitler escribiera Mein Kampf burlar las limitaciones que le había impuesto el Tratado de Versalles (en concreto el artículo 191, que prohibía la construcción de submarinos). En 1922, tres astilleros alemanes (Vulkan de Hamburgo y dos del consorcio Krupp: Germaniawerft de Kiel y 18
                    • Santiago Mata U-Boote Weser de Bremen) fundaron en La Haya la compañía N.V. Ingenieurskantoor von Scheepsbouw (IvS), que, además de para Alemania, preveía diseñar sumergibles para Argentina, Italia, Suecia y España. El ministerio de Marina alemán financió a IvS desde 1925, año en que Turquía encargó dos submarinos. En 1926 Gran Bretaña dio su consentimiento para que España construyera 12 submarinos (“tipo C”: de hecho, Alfonso XIII firmó en la embajada española en Londres el decreto de construcción de 18 submarinos, ya que los primeros 6 se habían encargado en 1922): por este motivo, el capitán de corbeta Wilhelm Canaris se desplazó a Madrid en agosto de 1926 como representante comercial de IvS. Por iniciativa de Canaris, la Reichsmarine había creado una sección de adiestramiento para submarinistas (Au: Ausbildung), que en noviembre de 1926 se encomendó al almirante Spindler. Esta sección, formada por antiguos submarinistas, se encargó de probar los dos submarinos diseñados por IvS a partir del antiguo tipo UB III y construidos en 1927 en Feijenoord (Rotterdam), antes de que fueran entregados a Turquía en 1928. Gracias a este primer éxito, IvS consiguió nuevos encargos de Finlandia, Italia, Suecia, Rumanía, Chile, Argentina y Rusia. En verano de 1930, los alemanes probaron dos submarinos de tipo medio (63,5 metros de longitud, 493 toneladas en superficie, 716 en inmersión, con velocidades máximas respectivas de 12,6 y 8,5 nudos —23,3 y 15,7 km/h—: se denominaba submarinos ligeros a los que desplazaban hasta 250 toneladas en superficie, medios a los de hasta 500 y pesados a los de 750) construidos por IvS en y para Finlandia a partir del tipo medio UB III y del minador UC III: el Vetehinen (CV-702, botado el 1 de junio) y el Vesihiisi (CV-703 botado el 1 de agosto; además se construyó un tercero, CV-704 Iku-Turso, botado el 5 de mayo de 1931). Los cadetes de las promociones de 1926 a 1929 (en la armada alemana se designa como año de la promoción —Crew— el de ingreso, y no el de salida de la academia) recibieron en 1930 adiestramiento sobre guerra submarina. 19
                    • Santiago Mata U-Boote Basándose en el tipo UB III, IvS construyó un submarino pesado (763 toneladas en superficie, 973 en inmersión, velocidad máxima en superfice 19,7 nudos —36,5 km/h—, 72,4 metros de longitud) en los astilleros Echevarrieta y Larrinaga, de Cádiz, cuyo propietario, Horacio Echevarrieta y Maruri, no actuaba por encargo expreso del gobierno español. Técnicos alemanes ensamblaron las piezas que llegaban desde los astilleros de Feijenoord. Botado el 22 de octubre de 1930 con la denominación provisional de E-1, sus pruebas de mar se iniciaron en mayo de 1931 a cargo de oficiales submarinistas alemanes encabezados por Lothar von Arnauld de la Perrière, máximo “as” submarino de todos los tiempos (196 barcos hundidos, 456.216 TRB). Entre los oficiales se encontraba Harald Grosse, futuro comandante del U 34. Echevarrieta trató de vender el E-1 a la armada española por 13 millones de pesetas, pero acabó vendiéndolo a la armada turca (Arnauld de la Perrière era profesor de la Academia Naval turca) por 9 millones. La entrega se realizó en Valencia el 27 de diciembre de 1934. Durante el viaje a Turquía del E-1 (rebautizado Gür), toda la tripulación excepto cuatro oficiales eran alemanes. El Gür sirvió en la armada turca hasta 1947. En 1931, la Reichsmarine encargó dos “acorazados de bolsillo” (Graf Spee y Scheer) que sobrepasaban en 2.000 el máximo de 10.000 toneladas impuesto en Versalles para los cruceros. En diciembre de 1932, el almirante Erich Raeder (jefe del alto Estado Mayor de la armada —Oberkommando der Marine, OKM— desde octubre de 1928) aprobó un plan que preveía la construcción de 6 acorazados, 1 portaaviones, 6 cruceros pesados y 16 U-Boote. Entre éstos, además de los medios y pesados, se pensó incluir sumergibles de 250 toneladas. El primero (CV-707 Vesikko), basado en los tipos UB II y UF de la primera guerra mundial, se terminó en el astillero Crichton-Vulcan de Tuku (Finlandia) en abril de 1933. Ya el 3 de enero había comenzado el primer curso para comandantes de submarinos (el Vesikko se usó hasta otoño de 1934, cuando quedó alistado en la armada 20
                    • Santiago Mata U-Boote finlandesa), y a fines de ese mes, tras tomar el poder Hitler, la Reichsmarine “recuperó” el nombre de Kriegsmarine. Como testigos de esta época, han sobrevivido el primer submarino alemán (U 1, que puede visitarse en el Deutsches Museum de Munich: sólo se conservó una parte, para no transgredir el Tratado de Versalles) y el Vesikko, prototipo de lo que serían los submarinos del tipo IIA: convertido en museo militar en 1959, desde 1973 puede visitarse en Suomenlinna (Helsinki, Finlandia). Es pues el más antiguo submarino “operado” (aunque nunca alistado) por los alemanes existente hoy día. Su desplazamiento mínimo era de 250 toneladas y el máximo de 300. Dönitz, jefe de la nueva arma submarina alemana En la conferencia naval de Londres (1930) se propuso suprimir los submarinos como arma naval: sólo Francia y Japón se opusieron. Para Hitler, evitar la guerra con los británicos era una prioridad, y les propuso un acuerdo por el que existiría una proporción de 3 a 1 en buques de superficie entre el Reino Unido y la Alemania nazi. Los británicos aceptaron permitir que Alemania transgrediera el Tratado de Versalles construyendo 24 submarinos ligeros, 10 medios y 2 pesados. Gracias a este respaldo, en 1935 Hitler pudo permitirse denunciar el Tratado de Versalles y el 18 de junio firmó el acuerdo con el que los británicos le concedieron algo más de lo que pedía (una relación de 10 a 3,5 en favor de los británicos). En contrapartida, Alemania debía respetar el acuerdo de 1930 (derecho de presa: prohibición de la guerra submarina total), pero pudiendo construir el mismo tonelaje de submarinos que el Reino Unido, aunque también se comprometía a no sobrepasar el 45% sin renegociar el acuerdo mutuo. Hitler definió el día de la firma como “el más feliz” de su vida, y Churchill calificó el acuerdo como “el colmo de la credulidad” por parte inglesa. 21
                    • Santiago Mata U-Boote Raeder eligió en 1935 como jefe del arma submarina al capitán de fragata (Fregattenkapitän, FK) Karl Dönitz, que durante la primera guerra mundial fue oficial en el U 39 (submarino que hundió 32 barcos) a las órdenes del Kl Walter Forstmann y comandante del UC 25 y del UB 68. El por qué lo eligió, habiendo una cincuentena de oficiales ex-submarinistas con rango igual o superior al suyo, es de difícil explicación. Es posible que tenga que ver con la buena impresión mutua que Hitler y Dönitz se produjeron en su primer encuentro, el 2 de noviembre de 1934. Inicialmente, Dönitz amoldó sus opiniones a las de quienes no querían pensar en una guerra contra Gran Bretaña, sino más bien contra Francia, Polonia o la URSS. Así, en un informe sobre la organización del arma submarina escribía el 21 de septiembre de 1935: “en una guerra contra un enemigo que no depende vitalmente del tráfico marítimo, la tarea de nuestros U-Boote, en contraste con el caso de la guerra mundial, no será la guerra comercial, para la que el U-Boot es poco adecuado, dada su escasa velocidad. El U-Boot se situará de forma estacionaria, a ser posible cerca de los puertos enemigos, en el punto neurálgico de su tráfico marítimo”. Dönitz parecía seguir la doctrina inglesa, según la cual el submarino era un arma estática que sólo en determinadas condiciones podía aprovechar la sorpresa y atacar a los buques de guerra enemigos. No obstante, es de notar su anclaje en la idea de que el blanco del arma submarina es el tráfico marítimo. En el texto citado, Dönitz (ascendido en octubre de 1935 a capitán de navío, Kapitän zur See, KzS) no renuncia a la guerra comercial, sino que la limita a los puertos (quizá por contar con pocos U-Boote), partiendo del presupuesto de que no habría guerra contra los ingleses. En el libro que Dönitz publicó en enero de 1939, titulado Die U-Bootswaffe (el arma submarina) esta guerra ya no se limita a los puertos, por lo que hay que concluir que quien ahora está en el punto de mira es un enemigo que sí “depende vitalmente del tráfico marino”, es decir, Gran Bretaña. Ya en el prólogo, afirmará que el fin de la guerra es imponer las propias exigencias al enemigo “mediante la amenaza o 22
                    • Santiago Mata U-Boote destrucción de sus principales condiciones vitales”. Más adelante, concreta que “el auténtico propósito de la guerra en el mar es la destrucción del tráfico enemigo, el ataque a sus comunicaciones marítimas”. Tras explicar la importancia del comandante en un submarino (“sólo él ve; nadie puede dar consejos al comandante sobre el mando; quien no tiene fortaleza de carácter y conocimiento” no puede ser comandante), Dönitz resume la esencia de la eficacia del U-Boot en la “invisibilidad”, que le garantiza la ventaja de la sorpresa. De esta forma, el arma submarina puede invertir las leyes sobre el dominio de los mares. En esta indiscreta obra que los ingleses parecen no haber leído hasta 1942, Dönitz afirma (citando a Lord Jellicoe) que entre enero y agosto de 1917 los U-Boote alemanes tuvieron el dominio de los mares y que su “omnipresencia” obligó a organizar el tráfico marítimo en convoyes (como veremos, no saca consecuencias sobre la eficacia de esta medida). “En cuanto atacante, el U-Boot elige el momento oportuno” —colocándose perpendicularmente delante de la trayectoria del barco al que ataca y lo más cerca posible—, dice Dönitz, para quien los puntos flacos del submarino “no afectan en absoluto a la eficacia de su omnipresencia”. La invisibilidad del U-Boot se puede aprovechar máximamente en los ataques nocturnos en superficie, según Dönitz. Además, asegura que el U-Boot es “ideal para la exploración y observación del enemigo: frente al avión que sólo puede echar un vistazo momentáneo, la presencia del submarino es permanente y económica. Al tratar de la guerra contra el tráfico marítimo, Dönitz concluye que “en verano de 1917, Inglaterra estuvo al borde del abismo”, y que si los U-Boote no pudieron finalmente triunfar (en lo que podría llamarse sus “memorias”, el libro titulado Diez años y veinte días, repetirá que “habían estado cerca de conseguir que Inglaterra perdiera la guerra”) fue porque no se llevó a cabo el plan de construcción de 376 submarinos del 23
                    • Santiago Mata U-Boote almirante Scheer, que habría supuesto un aumento mensual de entre 22 y 37 unidades en la flota submarina. Sólo en las últimas dos páginas de su libro menciona Dönitz a los “hidrófonos” y otras medidas para localizar a los submarinos, con los que se trataría de arrebatarles su “invisibilidad”. El arma submarina no se quedará inmóvil, sino que tratará de limitar la eficacia de estas contramedidas o de anularlas por completo: “tan sólo la realidad de la guerra mostrará quién le gana la mano al otro; pero el submarinista está convencido de que el buque de superficie seguirá teniendo motivos para considerar al U-Boot como un enemigo peligroso”. Es discutible si el “dominio de los mares” por parte de los U- Boote se puede alargar, más allá de abril, hasta agosto o incluso todo el verano de 1917. Mencionar a Jellicoe para reafirmar que los submarinos pudieron llevar a Inglaterra al “abismo” no debería hacerse sin citar la condición que ponía el primer Lord del Almirantazgo: “si no logramos detener las pérdidas”. De que la introducción del sistema de convoyes fue causada por los submarinos no cabe duda. Pero Dönitz no analiza qué consecuencias tuvo (puede pensarse que para él eran evidentes, ya que su propio U-Boot fue hundido al atacar un convoy: sin embargo, este silencio se parece más al de quien quiere olvidar). Aún más sintomático es que eluda mencionar a los Estados Unidos, las construcciones de barcos y los desembarcos de tropas. La referencia al número de submarinos también puede inducir a error: si había que construir más, es porque alguien los hundía, pero ¿a qué ritmo? Y en cuanto a la eficacia de las medidas ASW, no se equivocaba al decir que la nueva guerra las pondría a prueba... Las concepciones estratégicas y tácticas de Dönitz: guerra total y manadas de lobos 24
                    • Santiago Mata U-Boote Resumamos las diferentes concepciones estratégicas de Dönitz, del OKM (Raeder) y de Hitler: tanto Dönitz como el OKM partían del presupuesto (inconfesado) de que su principal enemigo era Inglaterra. En sus “memorias”, Dönitz asegura que esto nunca fue aceptado “por nuestra dirección política y por el Estado Mayor del ejército” (Oberkommando der Wehrmacht, OKW), imbuidos de concepciones “continentales” (p. 306-7). Además, para Dönitz, Inglaterra entró en la guerra porque Alemania “era una amenaza para sus intereses” —afirmación que apoya con una cita del historiador británico Fuller—, aunque los “angloamericanos” (de nuevo es interesante ver cómo cita a los Estados Unidos entre las causas de la guerra, sin que ello le lleve a sopesar su potencia industrial y militar) proclamaran sólo “el fin moral de la cruzada contra el nacionalsocialismo, que no era el principal” (p. 304-5). Tanto el OKM como Hitler querían dominar los mares, construyendo barcos con mayor desplazamiento que los ingleses. Raeder no quería la guerra contra Gran Bretaña; Hitler al menos no la quería antes de lograr la superioridad para su flota de superficie: su prioridad era absorver Austria, liquidar Checoslovaquia y emprender la guerra contra la URSS. Dönitz discrepaba del OKM y de Hitler no sólo por considerar como necesaria (en el sentido de “algo inminente que iba a suceder”) la guerra con los ingleses, sino sobre todo por creer que los submarinos podían ganarla. Para él la guerra en el mar es esencialmente agresión (destruir el tráfico marítimo y forzar al enemigo a rendirse) y los U-Boote son un arma ofensiva. El acuerdo angloalemán permitía construir 48 submarinos, y exigía ajustarse al derecho de presa. En mayo de 1938, al fracasar su primer intento de arrebatar a Checoslovaquia los Sudetes, Hitler pidió a Raeder que contemplara la hipótesis de una guerra con Gran Bretaña. Raeder transgredió entonces el acuerdo con los británicos, encargando submarinos por un desplazamiento superior al permitido. El 31 de octubre de 1938, recibió del OKM el Plan Z, donde se preveía la construcción hasta 1948 de 10 acorazados (6 de la clase H con más de 56.000 toneladas) y 4 25
                    • Santiago Mata U-Boote portaaviones, pero también de 249 U-Boote: 60 ligeros, 100 medios, 62 pesados y 27 “submarinos-cruceros” con desplazamiento superior a las 1.000 toneladas (Dönitz habla en sus “memorias” de “sólo 233 U-Boote”, p. 43). En diciembre, al darse cuenta los británicos de que los alemanes transgredían el acuerdo mutuo, comenzaron a mejorar sus sistemas ASW. El 27 de enero de 1939, Hitler daba absoluta prioridad al Plan Z, señalando como fecha límite para su ejecución el año 1945. El 28 de abril de 1939, Alemania denunció el acuerdo naval con Gran Bretaña, después de que ésta no aceptara la desaparición de Checoslovaquia —el 15 de marzo, dia de su entrada en Praga, fue probablemente el último que Hitler calificó como “el más feliz de mi vida”— y se sumara a los franceses en su apoyo a Polonia. Todavía el 22 de julio, tras conversar con Hitler en unas maniobras en Swinemünde, Raeder comunicaba a los oficiales del arma submarina que no debían temer una guerra contra Inglaterra, ya que eso sería, en palabras del Führer, el finis Germaniae. Esta expresión que ya conocemos la había utilizado también Ludwig Beck al dimitir como jefe del OKW, el 18 de agosto del 1938, asegurando que los planes de Hitler “conducirán a una guerra mundial que significará el finis Germaniae”. Dönitz estaba, pues, más convencido que otros militares de que habría guerra con Gran Bretaña, y más convencido que Hitler de que podría ganarse. En el invierno de 1938 a 1939, con motivo de un viaje de la flota a Portugal, por primera vez habían podido simular 15 U-Boote (organizados en 4 grupos) en el Atlántico el ataque conjunto a un convoy británico (hasta entonces les estaba prohibido, para evitar “provocaciones”): el convoy lo formaban dos “mercantes” más un escolta, y 13 U-Boote llegaron a ponerse a tiro. Los responsables del OKM no dieron valor a estas maniobras (los alemanes carecían de las medidas antisubmarinas que tenían los ingleses, y los U-Boote utilizaron “abusivamente” la radio): “la guerra comercial submarina contra Gran Bretaña no tiene hoy para Alemania ninguna perspectiva de éxito” mientras no se anule el sonar. Además, antes de arriesgar los U-Boote había que garantizar una intensa colaboración de la Luftwaffe. El autor del 26
                    • Santiago Mata U-Boote informe era Werner Fürbringen, que había sido oficial de dos submarinos y comandante de otros siete, con los que hundió 98 barcos —93.446 TRB— durante la primera guerra mundial. Dönitz rechazó las críticas en una réplica (13 de abril de 1939) que envió a Raeder para que se la transmitiera a Hitler: todo un atrevimiento en alguien que no tenía ni tres meses de antigüedad en el grado de comodoro. La falta de apoyo aéreo y el uso de la radio no eran peligros insalvables, según él, ya que los U-Boote actuarían fuera del margen de autonomía de los aviones con base en Inglaterra. Los submarinos “no son inmunes” al ASDIC, pero este problema se resolverá con el tiempo. Para lograr el éxito en la “guerra comercial” debían estar presentes en los mares 90 U- Boote (para ello había que construir 300, ya que preveía que sólo un tercio se hallaría en su zona de operaciones, otro tercio estaría yendo o regresando, y el otro reparando o repostando en puerto). Esta cifra “mágica” de Dönitz —resumida normalmente en 100 submarinos en patrulla— es el único argumento del informe que el almirante recordará en sus “memorias”. Aparecerá en algunos casos asociada a la idea de hundir un millón de TRB mensuales, con lo que la flota mercante británica, de más de 17 millones de TRB, podría liquidarse en año y medio. La táctica de la manada de lobos (Wolfsrudel o Rudeltaktik) la imaginó Dönitz en su última noche de guerra, con cuyo relato precisamente inicia sus “memorias”. La imaginó, ya que no la llegó a poner en práctica: acordó con otro comandante de U-Boot atacar un convoy de noche, aprovechando la luna nueva. Por avería del otro submarino, terminó atacando en solitario a dos mercantes, hasta que un fallo en sus baterías le obligó a salir a superficie y rendirse. No obstante, concluyó que, frente a la táctica de ataques diurnos y en solitario utilizada por los U-Boote durante la primera guerra mundial (para el canciller Bethmann- Hollweg, el bloqueo de Gran Bretaña era imposible al tener los convoyes vía libre de noche), “el ataque en superficie contra un convoy amparándose en la oscuridad es para un U-Boot particularmente favorable. Cuantos más U-Boote ataquen a la vez, tanto más favorable será la situación para cada atacante, ya que 27
                    • Santiago Mata U-Boote las detonaciones y los barcos que se hunden provocan tal caos en la noche, que limitan la libertad de acción de los destructores de escolta y provocan su dispersión” (Diez años y veinte días, p. 9- 10). En su libro Die U-Bootswaffe, Dönitz no menciona la actuación conjunta de varios submarinos como condición para la eficacia del arma submarina: la novedad es el ataque en superficie (el ASDIC sólo localizaba submarinos sumergidos) y el acercamiento hasta una distancia de 600 metros, óptima para lanzar torpedos. En sus “memorias”, presentará su doctrina del ataque en superficie como heredera de la defensa que Tirpitz había hecho de las lanchas torpederas (no en vano, en este tipo de nave sirvió Dönitz antes de ser nombrado jefe del arma submarina). Si bien Dönitz no fue el único submarinista que prestó atención a la táctica de ataques nocturnos en superficie —y a poder ser en grupo—, no cabe duda de que fue su principal defensor. Puesto que en la primera guerra mundial no llegaron a operar más que hidrófonos sencillos para localizar a los submarinos, Dönitz se atreve a desafiar al ASDIC, que, dice, puede localizar a un U- Boot a 1.000 metros. El submarino podría escapar en superficie gracias a su velocidad de 16 nudos (29,6 km/h, 3 nudos superior a la de los submarinos de la primera guerra mundial), y el nuevo casco de aleación —en vez del remachado— le permitiría hacer inmersión hasta una profundidad (200 metros) superior a la máxima (167 metros) a la que hasta principios de 1943 podrían explotar las cargas de profundidad británicas. Los aviones no verían a los submarinos sumergidos, y el ruido de sus motores daba suficiente tiempo para escapar a un submarino medio, que podía sumergirse en 30 segundos. Por lo que hace al ASDIC, es sintomático que Dönitz recuerde en sus “memorias” (p. 16 y 18) que en la escuela de submarinistas alemanes se recomendaba desde 1935 disparar los torpedos en inmersión desde 3.000 metros: y es que, a pesar de que Dönitz hable de sólo mil, los alemanes sospechaban que el ASDIC se había perfeccionado hasta localizar a los submarinos a 2.500 m 28
                    • Santiago Mata U-Boote (en realidad, los modelos 123 a 129 usados hasta 1942 tenían un alcance de 1.200 metros “con suerte”, y quedaban fuera de uso si la velocidad del buque superaba los 15 nudos). El radio de acción máximo de los torpedos (5 km) daba a los U-Boote un margen más bien teórico, y eso a pesar de ser el sistema alemán de disparo (U-Boot Zieloptik, UZO, podía lanzar torpedos que navegaban con un rumbo en ángulo de 90º respecto del de salida, y posteriormente de 135º) tan bueno como el de los norteamericanos (torpedo data computer, TDC) y mejor que el de las demás armadas que disponían de submarinos. Los nuevos tipos de U-Boote Dönitz quería construir preferentemente submarinos medios, capaces de operar en los mares en torno a Gran Bretaña, pero Raeder y el OKM distribuyeron el desplazamiento aproximadamente a partes iguales entre los submarinos medios y pesados, por lo que se construyó un número menor. Además, tras sufrir un accidente a 104 metros de profundidad el U 12 (del tipo II), el OKM prohibió las inmersiones más allá de los 45 metros, de modo que las tripulaciones ya no serán adiestradas para aprovechar la inmersión profunda como modo de escapar a las cargas. Con las construcciones llevadas a cabo transgrediendo el Tratado de Versalles, los alemanes sentaron las bases de los tres tipos de sumergibles principalmente empleados por su arma submarina durante la segunda guerra mundial: los tipos II, VII y IX (ligero, medio y pesado, respectivamente). El tipo IIA se derivaba del Vesikko, el VII de los submarinos de la clase Vetehinen y el IX del E-1 construido en España, pasando como fase intermedia por el tipo IA, del que sólo se construyeron dos ejemplares (U 25 y U 26). Antes de estallar la guerra, habían entrado en servicio 30 submarinos del tipo II: 6 del IIA (U 1 a U 6, construidos por 29
                    • Santiago Mata U-Boote Deutsche Werke en Kiel entre 1934 y 1935, con 254/303 toneladas de desplazamiento —en superficie/en inmersión—, velocidad de 13/6,9 nudos —24/12,8 km/h—, longitud de 40,9 m, 5 torpedos ó 12 minas, 22/24 tripulantes, y radio de acción máximo de 1.600 millas en superficie a 8 nudos), 18 del tipo IIB (U 7 a U 24 —otros dos U 120 y U 121 entraron en servicio en 1940—: desplazamiento de 279/328 toneladas, velocidad 13/7 nudos —24/13 km/h—, longitud 42,7 m, radio de acción de 3.100 millas), y 6 del tipo IIC (U 56 a U 61 —los U 62 y U 63 entraron en servicio en 1939 y 1940—: 291/341 toneladas, 12/7 nudos — 22,2/13 km/h—, longitud 43,9 m, radio de acción de 3.800 millas). Del tipo VIIA existían 10 unidades (U 27 a U 36) construidas a partir de 1935, con un desplazamiento de 626/745 toneladas, velocidad de 17/8 nudos —31,5/14,8 km/h—, longitud de 64,5 m, 11 torpedos ó 22 minas y tripulación de 42/46 hombres. Su radio de acción máximo (en superficie y dando 10 nudos) era de 6.200 millas (casi 11.500 km), el doble que el de los del tipo IIC. Del tipo VIIB —que cargaba 33 toneladas de combustible más— se habían entregado 7 unidades (U 45 a U 49 y U 51 a U 53, otros 16 entrarían en servicio más tarde: U 50, U 54, U 55, U 73 a U 76, U 83 a U87, y U 99 a U 102), con 753/857 toneladas de desplazamiento (que los situarían ya como submarinos pesados, aunque a efectos prácticos consideraremos como medios todos los del tipo VII), velocidad de 17,9/8 nudos —33,1/14,8 km/h—, longitud de 66,5 m, 14 torpedos ó 26 minas, autonomía de 8700 millas (más de 16.000 km; pero sólo 90 millas en inmersión a 4 nudos: éste era el punto flaco de todos los sumergibles, ya que en inmersión utilizaban el motor eléctrico cuyas baterías sólo se podían recargar en superficie usando el motor diésel) y tripulación de 44/48 hombres. De los submarinos pesados del tipo IX se habían entregado 7 unidades (U 37 a U 43, el U 44 entró en servicio en noviembre de 1939); sus características eran: 1.032/1.152 toneladas, 18,2/7,7 nudos —33,7/14,3 km/h—, 76,6 m, 22 torpedos ó 44 minas, tripulación de 48/56 hombres y autonomía de 10.500 millas en 30
                    • Santiago Mata U-Boote superficie a 10 nudos ó 78 millas en inmersión a 4 nudos. En total, pues, la U-Bootswaffe disponía de 57 submarinos —sólo 9 más de los que le permitía el acuerdo firmado con los británicos en 1935—, de los cuales 30 eran costeros (Einbäume o “piraguas” del tipo II) y 27 de tipo medio o pesado, incluyendo los dos del tipo IA (U 25 y U 26), cuyas características eran: 862/983 toneladas, 18,6/8,3 nudos —34,4/15,4 km/h—, 72,4 metros, 14 torpedos ó 28 minas, tripulación de 44/46 hombres y autonomía de 7.900 millas en superficie. Algunos de estos U-Boote habían presenciado la guerra civil española, en el marco del Comité de no Intervención (promovido por Gran Bretaña y Francia, formaban parte de él Alemania y otros 24 países), que se reunió por primera vez en Londres el 9 de septiembre de 1936 y cuyo primer plan de control (incluyendo el tráfico marítimo) propusieron los ingleses el 12 de noviembre. Entretanto, según Jorge Bañón Verdú, el 24 de octubre el ministro de Exteriores italiano (Ciano) habría comunicado a Hitler su intención de apoyar la sublevación militar con dos submarinos, y el 6 de noviembre el OKM habría ordenado el envío de dos U- Boote (U 33 al mando de Kurt Freiwald y U 34 comandando por Harald Grosse; la operación se habría llamado “Ursula” en honor a la hija de Dönitz) que se turnarían con los italianos, en períodos de dos semanas, con objeto de atacar a la flota republicana. Según esta fuente, el U 34 hundió el 12 de diciembre al submarino republicano C-3, aunque ni los supervivientes ni otros testigos apreciaron la explosión de ningún torpedo, y la investigación oficial consideró el hundimiento producto de un accidente. El pecio del C-3, partido en dos, fue hallado en octubre de 1998 a 70 metros de profundidad, 4 millas al SE de la farola de Málaga. Los U 33 y U 34 se habrían retirado el 15 de diciembre, y a los demás U-Boote que navegaron en aguas españolas durante la guerra civil (los alemanes se retiraron de la patrulla de control tras ser bombardeado el acorazado Deutschland por los republicanos 31
                    • Santiago Mata U-Boote en mayo de 1937) no se les ha acusado de ataques contra la flota republicana. De las 26.117 “cruces de España” (Spanienkreuze) otorgadas por las autoridades alemanas, unas 50 correspondieron a submarinistas, a veces por actividades que no tenían que ver con el arma submarina: así el Kl Gerhard Bigalk la recibió por realizar 31 vuelos de reconocimiento. El 6 de junio de 1939 recibieron la Spanienkreuz de bronce oficiales de los U 25 (Kl Günther Frauenheim), U 26 (FzS Ing. Erich Zürn), U 27 (OlzS Wolfgang Lüth), U 28 (OlzS Fritz-Julius Lemp), U 31 (OlzS Claus Korth) y U 33 (Kl Wilhelm Schulz), pero aparentemente no los del U 34 ni del U 35, cuya presencia en aguas españolas menciona Bañón. El comienzo de las hostilidades: trabajar, cumplir con su deber Al estallar la guerra, los buques de superficie de la Kriegsmarine suponían la décima parte de los de las armadas de Gran Bretaña y Francia. Los galos tenían 70 submarinos “de alta mar” (medios o pesados), los ingleses 50 y los alemanes 27. Victor Oehrn testimonia que, al enterarse del comienzo de la guerra, Dönitz comentó: “¡Dios mío! Así que otra vez guerra contra Inglaterra”. Luego, se marchó de la habitación para volver “transformado” a la media hora: “Conocemos a nuestro enemigo. Hoy tenemos armas y una jefatura con que hacerle frente. La guerra durará mucho. Pero si cada uno cumple con su deber, la ganaremos. Ahora, a trabajar”. Pocos días antes del comienzo de las hostilidades, Raeder y el OKM aceptaron modificar el Plan Z y construir 300 submarinos (200 del tipo VII, el preferido por Dönitz). Pero había que convencer a Hitler. Éste prohibió inicialmente el ataque a los barcos franceses, y para los ingleses ordenó ajustarse al derecho de presa. No obstante, Hitler quería que se produjeran muchos 32
                    • Santiago Mata U-Boote hundimientos en un punto determinado, para que el terror disuadiera a Francia y Gran Bretaña de apoyar a Polonia. El OKM y Dönitz buscaban también un éxito llamativo para que Hitler renunciara al Plan Z original en favor de la construcción de submarinos. El mismo día 3 de septiembre en que fue nombrado Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill ordenó que el comercio naval se organizara en convoyes, convencido de que la principal amenaza no sería la flota alemana, sino sus submarinos: preveía que, en nueve meses (verano de 1940), entre 200 y 300 submarinos alemanes atacarían a Gran Bretaña (lo que significa que la Kriegsmarine debería tener alistados entre 600 y 900) y que el sistema de convoyes, con las restricciones al tráfico que implicaba, provocaría una disminución de un tercio en las importaciones británicas. Ambas afirmaciones eran exageradas: entre septiembre de 1939 y abril de 1940, las importaciones se redujeron en una cuarta parte, y nunca hubo 200 submarinos disponibles para atacar al Reino Unido. La sencilla pero falsa lógica derivada de la propia propaganda aliada achacará la escasez directamente a la acción de los submarinos. La guerra submarina comenzó con un grave desatino: el hundimiento del buque de pasajeros Athenia (118 muertos, 28 norteamericanos) el 3 de septiembre por Fritz-Julius Lemp (U 30, tipo VIIA): el comandante dijo haberlo tomado por un transporte de tropas, aunque parece absurdo imaginar que los ingleses mandaran tropas, el primer día de la guerra, al otro lado del Atlántico. Hitler negó la responsabilidad alemana y el ministro de Propaganda, Goebbels, afirmó que el hundimiento fue ordenado por el Almirantazgo británico para forzar la entrada de los Estados Unidos en la guerra. Una vez difundidas estas mentiras por las máximas autoridades del Estado, cuando Lemp regresó a puerto y Dönitz pretendió procesarlo, Raeder le paró los pies y ordenó arrancar las páginas correspondientes del diario de guerra del submarino (Kriegstagebuch, KTB). En contraste, entre octubre y diciembre, 33
                    • Santiago Mata U-Boote los comandantes de los U 26 (tipo IA), U 53 (VIIB) y U 32 (VIIA) fueron destituidos y uno más (U 46, tipo VIIB) enviado a “readiestrarse” por no cumplir las misiones que se les asignaron. Dönitz necesitaba la guerra total para hundir mayor tonelaje, y la consideraba justificada, ya que, en el Manual de defensa de la marina comercial de 1938, el Almirantazgo británico ordenó que los mercantes comunicaran por radio a la armada la posición de los submarinos avistados: algo que contradecía los términos del convenio sobre guerra submarina (1936). Desde el comienzo de la guerra, los británicos establecieron que los barcos atacados por U- Boote emitieran una señal de socorro especial (SSS en vez de SOS), comenzaron a armar a sus mercantes (el U 38 fue atacado por un mercante artillado el 6 de septiembre: ese mismo día los británicos pusieron en marcha los primeros convoyes) y desde el 1 de octubre les ordenaron que tratasen de hundir a los submarinos por colisión. Hitler soñaba con mantener a los ingleses fuera del conflicto y tras el hundimiento del Athenia prohibió atacar a los barcos de pasajeros, aunque viajaran en convoy. Las restricciones fueron pronto mitigadas: desde el 24 de septiembre se pudo atacar a los barcos que emitieran la señal SSS; desde el 30 a los barcos franceses; desde el 4 de octubre a cualquier barco (también neutral, siempre respetando el derecho de presa) que se acercara a las costas británicas o francesas; desde el 17 de octubre, sin previo aviso (sin aplicar el derecho de presa) a cualquier barco enemigo a partir de los 15º de latitud oeste (zona denominada por los ingleses Western Approaches); desde dos días más tarde, a los barcos que, a partir de los 20º O, viajaran sin luz de noche; y desde el 17 de noviembre, incluso a los barcos de pasajeros claramente identificados como enemigos. El 14 de septiembre, los alemanes perdieron por primera vez un submarino: el U 39 (tipo IX, sus 44 tripulantes fueron capturados), que acababa de lanzar tres fallidos torpedos con espoleta magnética contra el portaaviones Ark Royal: no se trató, pues, de un éxito de la ASW británica, ya que fue el U-Boot quien 34
                    • Santiago Mata U-Boote encontró al grupo antisubmarino, y no viceversa. Dos días más tarde se produjo el primer ataque coordinado de dos U-Boote a un convoy (Dönitz envió otros 3, que no llegaron). El día 17 se registró el primer éxito importante de los U-Boote, cuando el U 29 (tipo VIIA, Kl Otto Schuhart) hundió al portaaviones Courageous (22.500 TRB, 519 muertos) desde una distancia (2.700 metros) que respondía a las teorías clásicas para evitar el ASDIC, y no a la nueva táctica de “ataque nocturno a quemarropa” de Dönitz. El día 20, por primera vez dos destructores dieron caza y hundieron gracias al ASDIC a un submarino que había hundido dos pequeños barcos al este de Escocia: era el U 27 (tipo VIIA), cuyos 38 tripulantes fueron capturados. Al regresar a puerto Lemp el 27 de septiembre, no quedaba ningún U-Boot en el Atlántico, adonde había mandado Dönitz a todos los disponibles antes del comienzo de la guerra. El día 28, Hitler visitaba al jefe de la U- Bootswaffe en Sengwarden, y Dönitz le explicó —por primera vez en un encuentro personal— que para responder a la concentración de barcos en los convoyes con una concentración de submarinos necesitaba “por lo menos 300 U-Boote”. Así podía garantizarle un “golpe decisivo a Gran Bretaña en su punto más débil”. Los 48 barcos hundidos por los U-Boote en septiembre sumaban 178.621 TRB (según escribe Tarrant en 1989, Rohwer las cifraba en 201.121 en 1968). Puesto que contaba con poco más de medio centenar de U-Boote, con una sencilla regla de tres, Dönitz calculó que en menos de dos años (hacia el verano de 1941) podría sobrepasar el millón de TRB hundidas mensualmente contando con 300 U-Boote... Concentrado en estos números, quizá no percibió la gravedad de la “vía de agua” que se abría en sus planes cuando, el 11 de septiembre, los Estados Unidos cambiaron su ley de neutralidad para permitir que Gran Bretaña les comprara material bélico. Prien, el “toro de Scapa Flow” 35
                    • Santiago Mata U-Boote Si en septiembre se perdieron dos U-Boote y se alistaron otros dos (U 54 —tipo VIIB— y U A, fabricado originalmente para Turquía), en octubre se perdieron 5 (U 12 y U 16 del tipo IIB, U 40, U 42 del IX y U 45 del VIIB) y no se alistó ninguno. Además, después del alistamiento (Indienststellung), seguía un período de entrenamiento de la tripulación, que duraba aproximadamente cuatro meses, antes de que el U-Boot fuera enviado a patrullar. Dönitz no tenía modo de saber cómo perdía los U-Boote, e imaginaba que era por ataques de aviones o de mercantes armados (por este motivo, prohibió enviar comandos para apresar los barcos o hacer fuego de artillería). Sin embargo, las primeras pérdidas fueron causadas por destructores y, en dos casos, por minas. El 13 de octubre, el U 40 se hundía tras topar con una mina en la línea Dover-Cap Gris Nez: Dönitz pensaba erróneamente que el Canal de la Mancha no estaba minado. Los nueve supervivientes de la tripulación que lograron concentrarse en la sala de mando del submarino hundido (a 35 metros de profundidad) pudieron ascender a la superficie, pero sólo tres fueron encontrados vivos al día siguiente. Como un detalle de indiscreción para tiempos de guerra, quedó la boya que identificaba al submarino hundido. El pecio del U 40, que debía estar frente a Beadry Head en posición 50°41’06” N-00°15’01” E, fue “hallado” por buceadores en 1994, en posición 50°22’08” N-01°44’17” O, al suroeste de la isla de Wight y a 150 km de la posición anterior. La identidad del pecio es por ello discutible. El mismo día , el U 42 (tipo IX), fue hundido por dos destructores en posición 49º12’ N-16º00’ O. En la teoría de Dönitz, la clave era el hundimiento de barcos mercantes. En la práctica, el ataque a barcos de guerra le proporcionaría bazas para atraer la atención de Hitler hacia sus planes, tanto en septiembre (Courageous) como en octubre. En este caso, no fue gracias a un encuentro fortuito, sino a un plan pergeñado por Victor Otto Oehrn, primer oficial (A1) del Estado Mayor de la U-Bootswaffe, responsable de planificar las operaciones. Ya durante la primera guerra mundial, dos U-Boote habían intentado entrar en la base naval de Scapa Flow, en las 36
                    • Santiago Mata U-Boote islas Orcadas, pereciendo en el intento. En las fotos tomadas por la Luftwaffe, Oehrn percibió que en uno de los dos pasos aún no completamente cerrados entre las islas hacia el lago interior, el Kirk Sound, había un espacio de unos 17 metros entre los cascos de barcos hundidos, por el que podría pasar un U-Boot en la pleamar. En la noche del 13 de octubre —con pleamar y luna nueva—, Günther Prien (U 47, tipo VIIB) llegó al lugar previsto, pero encontró el cielo iluminado por una aurora boreal que no estaba en los planes de Oehrn, y que deslumbraba la visión por el periscopio. Así que decidió bordear la isla principal por el sur y pasar en superficie entre ésta y Lamb Holm. Ese mismo día, Scapa Flow había sido sobrevolada por la Luftwaffe, y los buques importantes salieron, para evitar ser bombardeados, quedando sólo el acorazado Royal Oak (por ser demasiado lento, estaba previsto usarlo para protección de convoyes), el viejo portaaviones Pegasus y el nuevo crucero pesado Belfast. Prien no vio a éste y confundió al Pegagus con el crucero pesado Repulse. A las 0.55 h. del 14, el primer oficial de guardia (IWO, en los ataques nocturnos en superficie de los U-Boote, a diferencia de en otras armadas, el comandante daba órdenes desde el puente, pero era el IWO quien manejaba el UZO dentro de la torreta) del U 47, Engelbert Endraß, disparó desde 2.700 m tres torpedos. Uno de ellos alcanzó al Royal Oak, donde la oficialidad pensó que había explotado un depósito de munición. Veinte minutos más tarde, Endraß lanzó tres torpedos más, que dieron en el blanco: el primero de esta segunda salva fue el decisivo, ya que hizo saltar la santabárbara y en 13 minutos el acorazado se hundió con 883 de sus 1.200 tripulantes. Raeder y Dönitz fueron a recibir a Prien en Wilhelmshaven. El comandante del U 47 —que había sido marino mercante e ingresó en el partido nazi (NSDAP) tras quedarse en el paro en 1932— recibió la Cruz de Hierro (EK) de primera clase, y la tripulación, la de segunda. Acto seguido, la dotación subió al avión personal de Hitler, quien ofreció una cena en su honor y convirtió a Prien 37


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